Se requieren políticas públicas que modifiquen el ambiente obesogénico que se sigue extendiendo en las ciudades de más de 100 mil habitantes en todo el país. Omitir la actividad física como un componente básico de cualquier propuesta de solución de la obesidad, está de antemano condenada al fracaso.

 

 

Los mexicanos somos una sociedad físicamente más inactiva que la canadiense o la de Estados Unidos, estamos a la par de España y somos más activos que Chile (ver imagen 1). La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que la inactividad física es el cuarto factor de riesgo más importante de mortalidad en el mundo y que se asocia a enfermedades cardiovasculares, respiratorias crónicas, cáncer y diabetes. De acuerdo al INEGI, en México el 56.2% de la población es inactiva físicamente, de este dato casi seis de cada 10 son mujeres; y con respecto a los mexicanos activos físicamente el 54.4% son hombres que dedican en promedio tres horas 57 minutos semanales (ver imagen 2).

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Los datos reportados por el INEGI llaman la atención debido a que el Gobierno Federal, a través de la Secretaría de Salud, publicó hace unos días en el Diario Oficial de la Federación decretos sobre las nuevas normas de etiquetado para algunos productos de alimentos de alta densidad calórica y las nuevas reglas de publicidad, que obligarán a que se someta a aprobación toda publicidad que se transmita durante los programas de televisión en horario infantil y que se extienda a las películas de clasificación A para toda la familia en salas de cine. Estoy de acuerdo con esta medida, pero es insuficiente para el control de obesidad y diabetes en la población mexicana. Se requieren políticas públicas que modifiquen el ambiente obesogénico que se sigue extendiendo en las ciudades de más de 100 mil habitantes en todo el país. Omitir la actividad física como un componente básico de cualquier propuesta de solución de la obesidad, está de antemano condenada al fracaso.

Tal parece que el problema de la obesidad solamente se quiere solucionar con regulaciones en etiquetado y publicidad, olvidando en lo absoluto uno de los principales problemas relacionados con sobrepeso y obesidad como es la inactividad física. Para la OMS la “actividad física” no debe confundirse con el “ejercicio”. La actividad física abarca el ejercicio, pero también otras actividades que entrañan movimiento corporal y se realizan como parte de los momentos de juego, del trabajo, de formas de transporte activas, de las tareas domésticas y de actividades recreativas. Aumentar el nivel de actividad física es una necesidad social, no solo individual. Por lo tanto, exige una perspectiva poblacional, multisectorial, multidisciplinaria y culturalmente idónea.
En nuestro país, los niños -que en unos años serán adultos- representan la cultura del mínimo esfuerzo caracterizada por la comodidad de la vida moderna, que ha ido deteriorando la capacidad física -que está latente en nuestros genes- y se ha convertido en una sociedad que con el mínimo esfuerzo físico consigue lo que quiere. El costo de este mínimo esfuerzo ha sido la aparición de enfermedades que están relacionadas con el sedentarismo, como obesidad, diabetes, hipertensión, dislipidemias, entre otras.

En el sedentarismo, los músculos del cuerpo se van relajando progresivamente. Cuando sus fibras ya no están sujetas a la contracción constante, van perdiendo vitalidad y el cerebro al darse cuenta que los músculos no demandan tanta sangre, ni oxígeno, ni la misma cantidad de nutrimentos para su mantenimiento, la derivan a otros órganos que se mantienen más ocupados y requieren de estos sustratos.

El sedentarismo es un proceso continuo de debilitamiento del sistema muscular, porque esa tensión física que da vida a los músculos se va apagando, le va quitando al ser humano la capacidad de ejercer su potencial de supervivencia, similar a la de la cebra que al olfatear a un animal que la va a atacar, corre para ponerse a salvo. La inactividad física es consecuencia de esa modernidad, conseguir alimento está al alcance de una llamada telefónica o de una visita al supermercado en automóvil, cuando anteriormente requería de caminar grandes distancias hasta encontrar la comida.

En la sociedad actual es indispensable concientizarnos sobre la necesidad biológica de mantener un estándar de actividad física, como lo recomienda la OMS: por lo menos 30 minutos diarios para adultos y adultos mayores, y 60 minutos para los niños y adolescentes. Es necesario difundir estos estudios ya que contribuyen a la elaboración de políticas públicas que fomenten el deporte y ejercicio físico. La regulación en publicidad y etiquetado no terminará con la obesidad, lo que sí podría contribuir es a la generación de programas que promuevan la actividad física.

 

 

Regulación en publicidad ¿fin de la obesidad?

Dr. Guillermo Melendez

Animal Político

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